Santa Agnès de Malanyanes

●  NUESTRA GENTE MAYOR

Tereseta Canyes Muñoz

El Molí · Guerra · Memoria del pueblo

Nació en 1931.

Ha vivido toda su vida en el pueblo.

Retrat de Tereseta Canyes Muñoz

Testimonios en vídeo

Tereseta Canyes recuerda los aviones durante la guerra y al doctor Vilaseca.

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Cuando pasaban los aviones

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El doctor Vilaseca

TERESETA CANYES MUÑOZ

Una vida en el pueblo

Nació en 1931.

Ha vivido toda su vida en el pueblo.

Lo que más recuerda de niña es la guerra. Tenía 5 años.

Los recuerdos de una vida vinculada al Molí y a Santa Agnès.

La guerra desde el Molí

Nació y vivió en el Molí, el antiguo edificio que existía entonces. Recuerda las bombas que lanzaron durante la guerra. Un fragmento de metralla llegó a incrustarse en la casa del Molí. Cuando pasaban los aviones se escondían en una especie de acequia y les hacían poner un palo entre los dientes para que, si caía alguno cerca, no les explotaran las entrañas.

Dos bandos en la carretera

Por la carretera pasaron tanto los «rojos» como los «nacionales».

La quinta del biberón

De siete hermanos vivos, enviaron a tres a África. Uno formó parte de la quinta del biberón. Lo pasó muy mal. El doctor Vilaseca, canónigo, lo salvó del campo de concentración. Después volvieron a llamarlo a la guerra. Tuvieron que luchar en los dos bandos. A su cuñado Conrad lo enviaron a las islas. A su madre le llegó la carta de que había muerto, pero apareció vivo nueve meses después.

MEMORIA DE GUERRA Y POSGUERRA

El hambre, el racionamiento y el miedo

Después de la guerra llegó lo peor… Había mucha hambre, racionamiento y miedo a todo.

Todo eran huertos y era precioso porque, pese a todo y a todo el trabajo que había que hacer, la gente cantaba y hablaba entre sí… hasta que se tuvo que vender todo y entonces cambió mucho. El terreno pasó de rural a urbano.

La carretera era horrorosa: polvo y barro.

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Todos los terrenos eran de la familia Cirera, los grandes terratenientes. De la Sra. Inés Cirera todos guardan muy buen recuerdo. Era una buena mujer e hizo mucho por el pueblo, igual que su padre. Había otros con más o menos tierras, pero el auténtico terrateniente era el de La Torre —primero Cuyás, después Cirera— desde hacía muchos años.

LOS TERRENOS Y LA FAMILIA CIRERA
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En el pueblo había dos bandos: los de derechas y los de izquierdas. Incluso en las fiestas se montaban dos carpas distintas. Los demás tenían que seguir, por necesidad, a quienes eran sus dueños de la tierra. Incluso para casarse entre unos y otros había que solicitar el permiso o el visto bueno del amo.

De las maestras guarda buenos y malos recuerdos. Había una maestra que castigaba a un niño que no podía pronunciar la erre «golpeándole la cabeza con su grueso anillo azul marino».

ESCUELA Y VIDA RELIGIOSA
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Y los sacerdotes también se metían en las escuelas: enseñaban… y castigaban. Mossèn Francesc, que pegaba mucho; mossèn Jaume, que «para mí era buenísimo»; después mossèn Mariner, que era franquista; más tarde mossèn Galofré y mossèn Ballús y, finalmente, mossèn Albert Torrens.

Después de dejar el Molí se casó con Paulino Amat, de Can Badó, y construyó la casa actual, donde abrieron la tienda La Graneria: granos, abonos y todo lo necesario para el cultivo y los animales. Años después, al cambiar la situación con la venta de los terrenos, la cerraron. Y unos años más tarde, hacia los 70, Jaume del Parc le ofreció montar allí el estanco.

Por cierto, la vida del estanco fue muy ajetreada, pues lo atracaron al menos cuatro veces. Incluso una vez pudieron haberla matado. Finalmente lo cerraron porque tampoco compensaba económicamente.

EL MOLÍ, LA GRANERIA Y EL ESTANCO

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