Ha disfrutado mucho cantando y ha pertenecido a grupos, sobre todo de habaneras. Ha conocido a muchísimos cantantes, hombres y mujeres, que han recorrido estas tierras durante muchos años. Menciona, por ejemplo, a Salvador Dabau, gran maestro de la música, y también a Joan Vilà y muchos otros.
Es exigente con aquello de que «hay que ponerle el alma cuando cantas» y nos explica que «hay grupos de habaneras que cantaban muy bien, pero eran muy aburridos».
Aprecia mucho la alegría y el buen humor. En su época, «trabajábamos mucho, de sol a sol, pero cantábamos, silbábamos y reíamos; y renegábamos si nos enfadábamos. Ahora no oyes a nadie y todo el mundo va deprisa».
«No teníamos ni un duro, pero si no teníamos dinero tampoco comprábamos nada. Después de la guerra sí hubo hambre e incluso miseria. El trigo no se podía comprar ni vender: había que llevarlo al molino, donde hacían harina, y con el trigo que llevabas tenías derecho a una cantidad determinada de pan, que cada día te iban descontando de la libreta».